27J: la necesidad de repensarnos

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Texto publicado originalmente en “Colectivo Burbuja” el 28-6-16, pero vivo como entonces

No se han hecho las cosas bien, eso es evidente. Sólo unas horas más tarde del final de los escrutinios hay ya decenas de artículos y opiniones que analizan, o lo pretenden, los resultados electorales de Unidos Podemos. Podría parecer que hay ansia de crítica y deseo de hacer leña del árbol caído. En algunos casos así será, pero otros muchos lo hacen con la sana intención de aclarar las circunstancias que han llevado al mal resultado del 26J. Sólo conociendo los errores podrá evitarse repetirlos.

La complejidad de la realidad social y política de España produce una serie de derivadas que hay que analizar. Por ello, cada artículo de opinión y análisis aporta un punto importante al conjunto.
Hace ahora un año que se intentó gestar desde las bases una confluencia política entre Podemos e IU, siguiendo el modelo de la candidatura municipal de Madrid. El intento, llamado Ahora en Común, despertó toda clase de expectativas, entusiasmos e ilusiones. Finalmente, el intento fracasó por diversos motivos que ya se explicaron en su momento. La incapacidad de entonces ha tenido como consecuencia el error del 20D, con la gente clamando por la unidad. Pero la unidad de cualquier forma no sirve, como ha quedado patente tras el 26J. La coalición fraguada en los despachos y las listas pactadas por los aparatos no han satisfecho a quienes querían una confluencia pilotada por las bases, horizontal, transparente y con listas abiertas.

¿Cómo es posible que Podemos e IU no hayan aprendido nada en este año? La respuesta la tenemos en los “Ayuntamientos del cambio”, con los cargos encerrados en la institución (salvo honrosas excepciones), perdiendo piel, entrando en el carril marcado por el sistema, sin cuestionarse si es posible cambiar el statu quo. Entre tanto, la gente se ha ido alejando, defraudada o directamente traicionada por unos equipos de gobierno que no cumplen con el programa ni con la rendición de cuentas y que, además, se acercan sospechosamente a las posiciones del PSOE. La sensación de impotencia compite con la de rabia entre las activistas.

No ha ayudado el cierre de filas en torno a la cúpula de Podemos, aumentando más aún la verticalidad y la falta de inclusividad con las voces disidentes, aislando a los dirigentes de la realidad. Como tampoco han ayudado las guerras internas en el seno de IU, que han fragmentado a la militancia y debilitado su posición. Para las personas activistas post 15M, ambas circunstancias han restado credibilidad y causado desafección. Han hecho que sean vistos como “vieja política”.

La auditoría de la deuda, la renta básica, el proceso constituyente, la vivienda, los feminismos, los derechos laborales, las leyes mordaza o la ecología han desaparecido de los discursos y los debates, si bien han sido esbozados a veces por Garzón, cual rara avis. Han abandonado la defensa de los principios que emanaron del 15M y del 22M, convertidos en una réplica de un partido del sistema. Esa estrategia les ha restado apoyos de la izquierda sociológica y no ha detenido a los palmeros del R-78, que los han demonizado hasta límites de hastío.

Sin embargo, el mensaje mediático dirigido a la derecha ha servido de revulsivo para tantos y tantos pusilánimes, que han ido en masa a votar al PP, ante el temor de que Podemos pudiera traer a España el infierno en vida. La idea de dudosa clarividencia de hablar de “patria”, en términos ajenos a la izquierda sociológica, ha sido una vuelta de tuerca más para darles garrote en las urnas.
La campaña electoral de junio ha sido melíflua, con constantes guiños al PSOE del 135, causando el enfado de quienes consideran al partido del puño y la rosa el mayor defensor del sistema. De enorme trascendencia ha sido el discurso hegemónico en los mass media, defensor a ultranza del R-78 y rastrero hasta límites insospechados con Unidos Podemos. La respuesta de las caras visibles de Podemos ha sido patética, reactiva, avergonzándose de ser lo que son, sin defender los principios que los auparon a la posición que ocupan.

Contra el R-78 no se puede luchar con miedo ni en solitario, es necesario que la calle lleve la iniciativa y defender los principios de justicia y democracia con valentía. Desde Podemos se ha evitado a toda costa dar voz a la calle. Se han comportado como un partido ajeno a la gente, y así se ha reflejado en las urnas.

Por todo ello, ha llegado el momento de que viremos de rumbo. Hay que retomar la iniciativa desde abajo, marcando a los nuevos políticos los límites que no se pueden traspasar, dictando la hoja de ruta y vigilando el cumplimento escrupuloso de los principios democráticos que nos sacaron a las plazas hace algo más de cinco años.

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