El dilema del 20D

Comparativa electoral 2011-2015
Comparativa electoral 2011-2015

Hay gente que llama democracia a someter todo a votación y que siempre se haga lo que decida la mayoría. Pero, ¿qué pasa si la opción más votada no representa a la mayoría del universo de votantes? ¿Qué pasa si la opción más votada representa algo más del 28% de los votantes? ¿Es justo que un 28% de la población imponga su opción al 72% restante solo porque ellos defienden un abanico de opciones distintas?

Desde 1978 los resultados electorales mostraban una bipolaridad en la mayoría de la población española, con dos opciones cercanas al 50% que se alternaban en el poder. En esa situación funcionaba la idea de la mayoría. La opción que atraía más votantes de los dos, gobernaba; tenía cuatro años para aplicar sus políticas sociales y económicas, a sabiendas de que antes o después sería sustituída por su partenaire. Eran los años del bipartidismo, de la alternancia y del rodillo de la mayoría.

Desde 2010 e incluso antes, un soplo de aire fresco entró en nuestro panorama político, en forma de abstención, de protestas (los indignados) y de cambio de actitud frente a la política. Muchas de nosotras empezamos a repudiar el sistema y a pensar qué estaba mal y cómo se podía cambiar. Entonces los políticos repararon en nosotras. Nos despreciaron, nos reprimieron y nos retaron a presentarnos a las elecciones. Y eso hicimos. El cambio ha llegado a nuestra política en 2015 y ya no tiene marcha atrás. El bipartidismo está tocado de muerte y su mal llamada democracia ya no les sirve ni a ellos.

En una sociedad compleja, con numerosos grupos políticos que pueden representar como mucho a un 20% de los votantes, un nuevo modelo de democracia es absolutamente necesario. Para empezar, habrá que abandonar el obsoleto modelo vigente y pasar a otro en el que exista solo una circunscripción electoral, de modo que se eliminen los restos y las medidas correctoras que distorsionan los verdaderos resultados, dejando fuera del espectro parlamentario a muchas minorías. De ese modo tendremos un Parlamento plural, auténticamente representativo de nuestra sociedad.

Los representantes de la vieja política se aterran ante la presencia de minorías, aducen que no es posible gobernar con semejante panorama. Ellos están acostumbrados a gobernar usando la fuerza de la mayoría y ya no es posible. En el nuevo modelo político serán necesarias nuevas prácticas democráticas, basadas en el consenso.

El consenso, esa palabra que estremece a los miembros de la vieja política. ¿Consenso? El consenso no contenta a nadie, dirán. El consenso no es democrático, repetirán como un mantra, lo democrático es votar y que se haga lo que diga la mayoría. Pero, y volvemos al principio, ¿qué pasa si la opción más votada representa solo a una cuarta parte de la población?

 

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