Economía para “dummies”:  atrapada por la deuda o ”mardito parné”  

(Artículo publicado originalmente en el Diario Público el 28-11-14)

Las personas corrientes entendemos poco de economía. Sin embargo, es lo que gobierna los países, según nos recuerdan constantemente los políticos. Y lo que rige nuestras vidas, según nos informan puntualmente nuestros bancos.

Me gustaría dar unas ideas sencillas sobre cómo hemos llegado a este punto. Pido benevolencia a los economistas, ya que yo no lo soy. Solo trato de comprender las causas que nos han traído hasta aquí. Para extraer mis conclusiones me he basado en los muchos artículos que publican los especialistas en la prensa y en una serie de programas divulgativos sobre el dinero y la deuda que se han realizado en Radio Burbuja dentro del muy celebrado Economía Directa. Se trata de hacer una aproximación para gente corriente, nada que ver con textos técnicos, así que no esperen ideas brillantes.

El dinero:

Primero quiero hacer una afirmación: el dinero no es riqueza. La verdadera riqueza son los bienes que queremos o necesitamos. El dinero es solo una convención para poder intercambiar bienes o servicios. Y como tal convención, ha sufrido descalabros a lo largo de la historia. Un ejemplo muy evidente es el de la pérdida de valor de la moneda emitida por un gobierno cuando pierde una guerra y el vencedor comienza a emitir su propia moneda. Eso ocurría ya en la antigua Roma y era un modo de acaparar toda la riqueza de los perdedores. Más recientemente lo vivieron nuestros abuelos tras la guerra civil española.

Por esa volatilidad en el valor del dinero, se ha intentado siempre tener un respaldo solvente. Los metales preciosos, por su estabilidad y escasez, han sido el modo más extendido de respaldo del dinero hasta 1973, en que se abandonó el “patrón-oro” en la economía mundial.

Una de las primeras constancias históricas que hay sobre la existencia del dinero está en el código de Hammurabi, donde se habla de la relación entre una cantidad de plata y una medida de cebada. Es la primera prueba escrita de la relación entre la riqueza real (la cebada) y su representación o riqueza virtual (la plata). A partir de ahí, se han usado distintos materiales escasos y más o menos inalterables (oro y plata sobre todo) para intercambiar bienes. No debemos olvidar que el dinero no tiene valor intrínseco a menos que se puedan adquirir bienes con él.

El bien más preciado para los humanos es su sustento. Todos los desvelos de las personas se han encaminado siempre a asegurar su sustento y el de su familia. En la antigüedad, un gran problema era la conservación de los alimentos. La forma más eficaz de hacerlo era mediante la sal. Por eso la sal fue una primera moneda en las civilizaciones antiguas. No olvidemos que la palabra salario viene de sal. Se pagaba por el trabajo con sal, imprescindible y preciada. En ese escenario, la moneda usada, la sal, tenía un valor real e intrínseco, era una riqueza incuestionable. Igual ocurría con las especias, empleadas también para la conservación de los alimentos. Una de las causas que impulsaron el descubrimiento de América fue la necesidad de descubrir nuevas fuentes de riqueza a través de las especias.

En las etapas económicas anteriores al uso del petróleo, el crecimiento de la economía era lineal. No olvidemos que la auténtica riqueza la constituyen los bienes y servicios y que, para crear bienes o dar servicios, es necesario invertir trabajo. Para realizar un trabajo es necesario invertir una energía. Y cuando la energía es fundamentalmente fuerza humana o animal, el crecimiento es lento y, como decía, lineal. Tras la revolución industrial, la facilidad para obtener energía del petróleo hizo que el crecimiento de la economía pasara a ser exponencial. Mientras la obtención de petróleo fue sencilla, la energía fue barata y la creación de riqueza fue rápida y enorme. Una expansión económica tan grande solo se había dado en la antigüedad en dos ocasiones. La primera fue con Alejandro Magno, que puso en circulación toda la plata acumulada en los templos mesopotámicos. La segunda fue tras el descubrimiento de América, cuando la economía creció a costa del oro y la plata extraídos del nuevo continente, puestos en circulación en Europa.

La deuda:

La deuda ha existido desde la antigüedad. Los gobernantes necesitaban riquezas para mantener la maquinaria del Estado y los comerciantes y otros acumuladores de riqueza les prestaban a los gobernantes. De ahí surge la deuda. Escuchando en las tertulias a los periodistas paniaguados del sistema, se podría pensar que nunca antes ha habido una crisis que dificulte el pago de la deuda. Sin embargo, la primera crisis de deuda conocida se dio hace unos 2500 años en la civilización sumeria. Tras esa primera crisis conocida, resuelta con quitas, se sucedieron muchas otras. En la Biblia se encuentra referida una crisis y su resolución mediante quita. En la antigua Grecia y en la antigua Roma hubo crisis de deuda. Y hasta nuestros tiempos continuamos con crisis de deuda una tras otra. Cuando se quiere pagar la deuda hay que crear más riqueza. Tradicionalmente esto se lograba con expansión territorial para buscar nuevas fuentes de riqueza, sobre todo minas de metales preciosos y mano de obra esclava. Todos sabemos que las crisis se han resuelto tradicionalmente con una guerra. La guerra es el medio para controlar nuevos territorios y nuevas fuentes de energía y riqueza. La historia de los últimos miles de años está plagada de ejemplos. Aún hoy, los conflictos giran en torno a las reservas de hidrocarburos. Y hablando de guerras y deuda, no debemos olvidar el ejemplo más reciente de resolución de deuda mediante quita tras la II Guerra mundial: la conferencia sobre la deuda de 1953, en la que se le perdonó a Alemania el 62% de su deuda. Por eso no entiendo el escándalo que produce la posibilidad de una quita a la deuda española entre los palmeros del régimen. Su defensa a ultranza del statu quo debe ser porque  creen queellos van a heredar los bancos y las multinacionales. Fuera de bromas, la auditoría de la deuda y el establecimiento de la deuda ilegítima, serán mecanismos esenciales en un futuro próximo.

Pero, volvamos a la deuda. Cuando el deudor no puede pagar, cabe la posibilidad de que produzca más, trabajando más, pero eso no hará que genere más riqueza, ya que cuanto más trabaje, menos valdrá su trabajo (son las leyes del mercado, no lo digo yo, es la libre competencia que baja los precios, como no paran de decirnos). Eso, unido al interés bancario compuesto, hace que en época de crisis sea casi imposible pagar las deudas. Esa circunstancia se ha llevado por delante a familias y pequeñas empresas durante los últimos años. La explicación de esa imposibilidad es nuevamente matemática: la creación de riqueza en tiempos de crisis es lineal, mientras que el interés bancario compuesto es exponencial. Por eso decimos que la deuda es impagable.

La economía financiera:

Antes del año 1973 (abandono de los acuerdos de Bretton Woods) el dinero de los bancos y de los estados estaba respaldado por oro, aunque tal vez no todo el oro que se suponía; de ahí el abandono del “patrón-oro” y el paso a un sistema fiduciario. Fiduciario viene de fe. Porque, sepámoslo, todo el sistema financiero se basa en la fe. En estos momentos, la economía virtual está “hinchada”, no responde a los parámetros de la economía real o productiva. Se basa en el valor que se da a la deuda y en otros factores financieros, que no responden a riqueza real. Estamos asistiendo a una burbuja financiera que se viene gestando desde 1973 y responde a la necesidad imperiosa del sistema capitalista de conseguir crecimiento económico. Las dificultades de conseguir un crecimiento real de la riqueza en la época moderna se deben al agotamiento paulatino de las fuentes naturales de riqueza del planeta (hidrocarburos, metales preciosos), por lo que el crecimiento se ha logrado por métodos financieros. Es lo que llamamos financiarización de la economía. Pero esto no es nuevo. Ya en el siglo XVII, cuando se creó el Banco de Inglaterra, se pasó a duplicar la riqueza virtual mediante la impresión de papel-moneda por el doble de la cantidad de oro que lo respaldaba. Y a partir de ahí, el respaldo real de la riqueza virtual ha sido cada vez menor. Actualmente toda la economía se basa en la confianza en el propio sistema y en el pago de la deuda. Ese es el motivo por el que se apuntalan de forma artificial estados y grandes empresas: porque no se puede admitir que no pueden pagar la deuda. Eso haría que todo el sistema se desmoronara.

Mientras tanto, muchas personas reales nos encontramos atrapadas en esa ese torbellino en que se ha convertido la deuda. Nuestras vidas financieras pueden verse anuladas de la noche a la mañana y poco podremos hacer frente al sistema, “mardito parné”. Frente a esta situación y mientras la economía capitalista da sus últimos coletazos, podemos ser proactivos y volver a la economía real (lo que suelen llamar economía micro): la economía local, asociativa, colaborativa, trueque, monedas locales. Mientras la economía financiera (macroeconomía) de la espalda a las personas, las personas deberemos dar la espalda todo lo que podamos al sistema financiero. No olvidemos que la verdadera riqueza está en nuestro trabajo y en lo que podamos producir con él. Y eso solo podrán quitárnoslo si nos esclavizan. Así que, por favor, vamos a intentar cambiar las cosas. No debemos temer a los mercados. Los mercados deben temernos a nosotros. Es sólo cuestión de saber qué hacer y organizarnos.

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