República y Socialismo en el siglo XXI

(Publicado inicialmente el 17-10-2014 en la web del diario Público)45346_433664753391533_1578257948_n

Vivimos tiempos de perversión del lenguaje: un partido que se llama popular y es oligárquico, una corriente económica llamada neo-liberal que se basa en la regulación y los oligopolios, un cuerpo de seguridad cuya misión es acosar y maltratar a los ciudadanos que deberían defender, gente que se llama socialista y apoya la monarquía.

Y lo toleramos.

Y todos seremos cómplices si lo aceptamos sin protestar.

Pues bien, yo me niego. Lucho activamente contra las políticas antisociales del Gobierno, contra el neo-liberalismo como destino inevitable, contra los recortes de libertades que nos traen los cambios legislativos por decreto. Y no voy a callar en contra de la monarquía, ni contra los que se llaman socialistas sin serlo.

 

Sobre la  elección de la forma de Estado

Hemos crecido escuchando como una verdad absoluta que nuestra transición democrática fue modélica, que la Constitución de 1978 es sacrosanta e intocable,  que Juan Carlos de Borbón fue el salvador de la democracia que disfrutamos. Nunca nos han hablado de las contradicciones: la ausencia de participación ciudadana en todo el proceso, la elección del  rey por parte del dictador Franco, la presión de las Fuerzas Armadas para que la sucesión, pues fue tal,  siguiera las pautas previstas por la oligarquía franquista, el chantaje al que fueron sometidos los partidos y sindicatos para ser legalizados. Y hay algunas más, aunque no quiero ser exhaustiva.

Con todas esas premisas, se llegó a un statu quo entre las élites económicas y una clase política y sindical emergente, en el marco de una democracia formal. El trámite de la supuesta validación popular se solventó con la pantomima del Referéndum sobre la Constitución. Y ahora, 36 años más tarde, nos lo arrojan a la cara como un pecado original, imposible de limpiar.

Pues bien, ni la Constitución es intocable como un libro sagrado, ni elegimos entonces tener monarquía. Los ciudadanos no pudimos entonces ejercer nuestra soberanía, ni podemos ahora, por más que en el artículo 1º de la Constitución diga que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Prueba evidente ha sido la abdicación de un rey y la subsiguiente coronación de su heredero, sin que el pueblo haya podido participar según su derecho.

Es por eso que, desde todas las organizaciones sociales y políticas progresistas, se clama por un Referéndum sobre la forma de Estado. Somos soberanos y queremos decidir.

Lástima que el arco parlamentario esté controlado por neo-liberales y socio-liberales, imbricados ambos grupos con el poder económico y financiero, hasta el punto de ser imposible distinguir entre unos y otros, tal es el cúmulo de ex cargos públicos de los dos grandes partidos que se sientan en los consejos de administración de las grandes empresas del IBEX35. Quizá debamos buscar ahí la causa de que, los que debieran defender al pueblo, hagan dejación de sus funciones.

Significados de República

En la calle, la gente está dividida: Unos repiten como papagayos lo oído durante los últimos 75 años, sin la menor reflexión o análisis (“Eso es cosa de rojos, solo trajo desgobierno y anarquía”, dicen sin rubor alguno). Otros abrazan la causa republicana como símbolo de clase (clase trabajadora, claro está) y de libertad. Aún otros la llevan en el corazón, pidiendo la memoria y reparación de los crímenes del franquismo, con el temor de morir sin ver su causa resuelta.

Pero la República, la res publica, es mucho más. Es todo lo que atañe a los ciudadanos tanto en cuanto participan activamente en política, son co-responsables en los asuntos públicos y se sienten soberanos. Podría decirse que es el paradigma de un Estado participativo, cuyos ciudadanos gozan de sus derechos y ejercen sus responsabilidades como seres soberanos. Pero, no estamos acostumbrados a eso, se nos lleva hurtando demasiado tiempo.

Hay quienes llevamos la República en el corazón, no en vano muchos de nuestros mayores murieron o sufrieron persecución por defenderla. Pero también la concebimos como el mejor modo de velar por nuestros derechos y libertades, como un ejercicio de democracia y de ciudadanía, responsabilizándonos de nuestra cuota de gobierno como entes soberanos. Miramos al futuro sin olvidar el pasado. En este grupo estamos las gentes de Alternativa Socialista.

Los socialistas del siglo XXI y el modelo de Estado

Frente a los que agitan los fantasmas del pasado para desacreditarnos, los verdaderos socialistas defendemos a ultranza la democracia, la igualdad, la justicia y la libertad.

Es por eso que, los verdaderos socialistas, nunca podremos defender una institución clasista, patriarcal y antidemocrática como la monarquía hereditaria. Basada en privilegios medievales, establece un acceso antidemocrático a la más alta representación del Estado, según leyes hereditarias que, además, relegan a la mujer a un segundo plano. No puede haber un mejor compendio de anacronismos e injusticias sociales.

En cuanto a nuestra defensa de la República, no es sino una consecuencia natural de lo anterior; podríamos tener otra forma de Estado, no lo niego, pero los logros sociales y políticos alcanzados por la I y, sobre todo,  la II República, nos hacen desear una tercera, en el convencimiento de que sería la mejor forma de auto-gobernarnos. En cualquier caso, bienvenidas sean todas las propuestas democráticas, vayamos a un período Constituyente y sometamos a Referéndum todas las opciones. La libertad y la democracia solo asustan a sus contrarios.

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