El regalo de una tarde.

El Bosco. El jardín de las delicias.
El Bosco. El jardín de las delicias.

Hay momentos preciosos en la vida, momentos únicos que pasan a enriquecer nuestra memoria emocional. Unos son momentos de soledad, de crecimiento personal, de descubrimiento del yo. Otros son compartidos, a veces con extraños, en una suerte de sorpresa fantástica que nos da la vida. Pero la mayoría de las veces son momentos compartidos con gente que nos importa y a la que queremos. Ayer disfruté de uno de esos regalos de la amistad y la vida, aliadas para hacernos felices aunque solo sea unas horas. Gracias, Angeles, por el regalo de una tarde, por el regalo de tu compañía, de tu comprensión y de tu cariño, gracias por pensar que el regalo te lo había hecho yo a ti.

Ayer Angeles y yo pasamos la tarde en El Prado. Para mi era una de las visitas frecuentes que hago pero para ella era retomar una experiencia abandonada durante un tiempo. Era la primera vez que acudíamos juntas al museo. Mi amiga me pidió que la guiara por mis salas favoritas, sin importar que la visita fuera un poco anárquica. Se trataba de disfrutar de la belleza y para eso no hace falta ser estricto, hay que dejar fluir el sentimiento que nos embarga cuando estamos ante algo hermoso, algo que nos levanta el vello y nos hace abstraernos en su contemplación. Así que me dejé llevar y visitamos las salas flamencas, los maestros italianos, criticamos la influencia religiosa, apreciamos la voluptuosidad de los desnudos de Rubens, a contracorriente, comentamos los contrastes de luz, de color, los simbolismos evidentes y los ocultos. Hasta llegar a mi obra favorita por la luz, el color, sus símbolos y la profunda originalidad que emana: “El jardín de las delicias” de El Bosco. Podría pasarme horas contemplándola. Lástima que no haya un banco delante, me sentaría allí hasta la hora del cierre. Siempre que estoy delante pienso que es la obra más original de El Prado, tal vez me ciegue la pasión, pero lo creo sinceramente. En la parte derecha del tríptico, “El Infierno”, veo claramente la inspiración para el maestro de Cadaqués, así como en algunos detalles del resto de la obra, como las fuentes, los animales y las plantas fantásticos. Por otro lado es muy llamativo el tratamiento del color y la luz, lo que confiere a la obra una luminosidad extraordinaria. La tabla izquierda del tríptico, así como la tabla central pudieron ser en el siglo XV una representación de los pecados humanos, aunque a mi, exenta del concepto de pecado carnal, me parece una obra de extraordinaria belleza, alegre y fascinante.

Mis conocimientos de Historia del Arte se limitan a mis clases del instituto, lo cual se hará patente sin duda en estas palabras para algunos de mis amigos más conocedores del tema. Presupongo la benevolencia que siempre me muestran también en este caso. Y pido esto de antemano pues lo que voy a decir a continuación puede resultar aún menos ortodoxo que mi referencia a Dalí más arriba. Voy a hablar de alguna de las obras menos comentadas de El Greco, entre las que se encuentran las dos que ilustran este pequeño escrito: “Vista general de Toledo” y la “Visión de San Juan”, entre varias que me sugieren que este genio del siglo XVII fue el primer pintor impresionista de la historia. Repito que es mi opinión, pero solo hay que observar las obras citadas y alguna otra de la misma época para afirmar que el tratamiento del color como parte del contorno, del volumen, la falta de definición de algunos trazos en la distancia corta y el aspecto “completo” de la imagen en la distancia larga nos recuerdan de un modo claro a los primeros impresionistas. No pasa de ser mi opinión personal y, como digo, pido la benevolencia de gentes más versadas en arte.

El Bosco. El jardín de las delicias.
El Bosco. El jardín de las delicias.
El Bosco. El infierno.
El Bosco. El infierno.
El Greco. Vista de Toledo.
El Greco. Vista de Toledo.
El Greco. Visión de San Juan.
El Greco. Visión de San Juan.
José Ribera. El sueño de Jacob.
José Ribera. El sueño de Jacob.

Por último voy a hacer referencia a una obra que ilustra también este pequeño relato, “El sueño de Jacob”, de Ribera. Lo hago como guiño a un amigo muy querido que ama profundamente ese cuadro y por el cual siempre paso unos minutos sentada en el banco que hay frente al “Jacob”, intentando descifrar el simbolismo que encierra y que tanto fascina a Antonio. Espero que un día tenga paciencia conmigo (más aún) y me explique todo lo que creo intuir pero no puedo asegurar.

Terminaré esta pequeña crónica sobre la belleza y el valor de la amistad con una hermosa cita que se lee junto al “Carro de Heno” de El Bosco:

“Toda carne es heno y toda gloria como las flores del campo. El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que puede”

3 de mayo de 2013, dedicado a Angeles y a Antonio, que comparten conmigo amor por las cosas bellas y amor por los amigos.

 
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